La gracia de las nuevas cosas que me desaparecen de las conexiones neuronales, se apodera de la más recóndita luz espaciosa que recorre los montones de trapos apolillados pegados en mi cuarto.
Dentro de cada uno de ellos, hace tiempo ya, los colores ya desteñidos, resuenan como voces y ecos malditos, aun vivientes, como negándose a la irrevocable muerte que los invade. desde ese mismo espacio la cólera vuelve invocar una y otra vez las caras desgastadas y mal olientes, ahí están de nuevo, re-conectadas en el cerebro agónico, naciendo y muriendo día a día, haciéndose parte del espacio temporal indescriptiblemente mío. entonces, rozo mi costado en las paredes pálidas, frías... llego a tu ventana y aun me veo en ese mismo espejo sucio, el que nunca quisiste limpiar, ese que me palidece la imagen entre el polvo y la nebulosa que de a poco opaca mis ojos. No puedo evitar pensar que mi pupila ya nunca mas será mi pupila, que la violación me llego cuando pude ver todo muy claro y desde entonces comenzaron los llantos, el cansancio y las cataratas. Sin embargo algo muere y vive todos los días, tu ventana no será la misma mañana, el imaginario bosque a veces claro, a veces oscuro depende de un rebuscado juego biológico que muy poco entiendo de el, y hoy menos que nunca puedo tratar de explicar... ni esto ni aquello volverá a ser de nuevo una conexión nostálgica de algún buen día ya pasado, o que esta por pasar.

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